Los ventiladores repelentes funcionan generando un flujo de aire que dificulta el vuelo de los insectos. Este viento constante no solo dificulta que los insectos se acerquen, sino que también ayuda a dispersar el dióxido de carbono (CO₂) que emitimos al respirar, lo que es un atrayente para los mosquitos. Al distribuir este gas por el aire, el ventilador confunde a los mosquitos, que utilizan el CO₂ como guía para localizar a sus presas.
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